Orígenes:
Hace 60 millones de años, una especie de mamífero retornó a las
aguas en busca de alimento. Como modo de supervivencia debieron
modificar cada parte de sus cuerpos; tenían que poder nadar - más
que caminar - y salir a la superficie para respirar. Asimismo
debieron desarrollar nuevos métodos de detectar y atrapar a sus
presas. Gradualmente su torso se convirtió en una forma alargada, de
modo de poder tener movimientos más suaves en el agua; su piel se
convirtió en algo más sedoso, desapareciendo su pelaje, y también
cambiaron la posición de sus fosas nasales por un orificio en el
lomo. Finalmente, sus miembros pasaron a ser aletas. Mitología:
La tradición ancestral de Grecia y los aborígenes de África une al
planeta Tierra con la estrella (el sistema estelar binario) Sirio.
La Gran Pirámide se alineó de tal modo que Sirio pudo ser estudiado;
esta "estrella del perro" se encuentra en la constelación Can Mayor
y se la llamó "estrella del Nilo" y "estrella de Isis" por los
egipcios.
Su aparición antes de la salida del sol en el solsticio de verano
marcó el desborde del Nilo, del cual dependieron la agricultura y
también su vida. Veneraban al Sol detrás del Sol.
Existe una historia que ha sido relatada por generaciones entre los
aborígenes y cuenta que las ballenas y los delfines originalmente
provenían del sistema de Sirio, con el objeto de ayudar a los seres
humanos. Ella indicaba que las ballenas se sacrificarían a sí mismas
de modo que el ser humano viviese y floreciese, es decir,
evolucionara; de esta forma los delfines estarían presentes para
ayudar a los humanos en su evolución.
Según Robert Shapiro y Julie Rapkin, en su libro "Despertar al Mundo
Animal", los delfines vienen de planetas de agua en la región de
Sirio, para trabajar en la preservación de nuestro planeta y, a su
vez, enseñar las artes de alegría, amor, felicidad y juego.
Se establece también que hay una predicción que sostiene que la raza
humana tenía sólo el 80% de probabilidad de supervivencia y que era
tarea de los delfines, con su poder intelectual y sus formas
avanzadas de comunicación, traer y facilitar a los seres humanos
conocimiento de civilizaciones ancestrales, de mode de unificar el
pasado, presente y futuro.
Los delfines habían sido reverenciados como dioses en el pasado y en
Grecia se dictaba la pena de muerte a quien los matara.
Alrededor de 2000 años A.C., los griegos decoraban sus ánforas con
representaciones de ballenas y especialmente de delfines. Al lado de
su legendario lema "Conócete a ti mismo", grabado en la entrada del
oráculo de Delfos, colocaron un delfín, equiparándolo a la
protección otorgada a los dioses.
Los aborígenes de Australia conservan leyendas de tiempos remotos en
las que se cuenta que los pueblos primitivos se dirigían a las
playas para comunicarse con los delfines, con los que mantenían una
estrecha relación espiritual, y que al finalizar aquellas reuniones
de dos partes - delfines y aborígenes - regresaban a sus respectivas
moradas llevándose consigo el contenido de sus comunicaciones
telepáticas que, posteriormente, transmitían al resto de los
sistemas de memoria externo a ellos mismos.
Realizan operaciones sónicas en el cuerpo, ya que pueden "ver"
dentro del mismo como si su sonar les confiriera la visión de rayos
X. Con este sonar desarrollado, pueden ver a través de la piel,
percibiendo la forma y el movimiento de nuestros órganos internos,
el movimiento de nuestros pulmones y el latir de nuestros corazones.
Los sonidos que los delfines emiten se encuentran entre los 1.000 y
80.000 Hz, mientrás que nuestro espectro de comunicación es mucho
más bajo, entre 300 y 3.000 Hz. Los sonidos audibles para el ser
humano oscilan entre 20 y 20.000 Hz, lo que implica que nosotros
podemos realmente escuchar los sonidos que emiten los delfines entre
10.000 y 20.000 Hz, esto no indica que no percibamos o respondamos a
alguno de naturaleza ultrasónica.
Sus sistemas acústicos les proporcionan "radiografías acústicas",
pudiendo dar información sobre la composición interna de los
objetos. Tienen la capacidad para el reconocimiento del "ecosonar",
este es análogo al movimiento que producen nuestras manos cuando
aplauden en un cuarto oscuro e intentan hacernos dar una vaga idea
de dónde están las paredes.
Debido a que los sonidos viajan más rápido y con mayor claridad bajo
el agua, ellos son capaces de percibir una idea precisa de su mundo
simplemente interpretando los ecos que oyen. Esto podría conducir a
alguna forma de contacto telepático.
El "sonar" de un delfín es capaz de discernir entre las densidades
de los diferentes metales.
Según el obstetra Michel Odent, no hay duda sobre que el ultrasonido
tiene efectos biológicos en nosotros. Un caso contundente surgió
durante un programa de nado con delfines registrado por
investigadores en los Estados Unidos: de acuerdo con su informe, una
nadadora qeu participaba en este programa diario fue golpeada en las
costillas por uno de ellos, el cual siempre había sido muy dócil. Un
poco sorprendida y bastante alterada por el incidente, fue
trasladada al hospital más cercano, donde se le tomaron
radiografías. Una vez que el médico a cargo tuvo los resultados, se
le informó que se había detectado un tumor pulmonar, justo por
debajo de las costillas adonde el delfín había dejado un moretón a
la nadadora. ¿Había el delfín localizado el tumor o era mera
coincidencia? A este fenómeno de detección de los delfines se lo
denomina "ecocolocación".
Su habilidad telepática hace que aún de un modo simbólico a nivel
telepático suela provocar un efecto de transformación total en la
vida de un individuo a través de su sonar sanador y su mirada
profunda, provocando la activación de los chakras cardíaco, laríngeo
y del tercer ojo. El delfín ha desarrollado particularmente su
chakra del tercer ojo, lo que le permite tener una habilidad
clarividente eminente; conjuntamente con el chakra laríngeo, con el
sistema acústico denominado sonar y su tercer ojo, se convierte en
un captador de sabiduría y mensajes cósmicos de distintos niveles
espirituales, los cuales tienen la capacidad de transmitir,
simultáneamente de haberlos recibido, al ser humano.
Además de la apertura de los canales de percepción humana, la tarea
principal de los delfines es activar y conectar el chakra del tercer
ojo y el cardíaco. Esa alegría e inocencia que ellos despliegan a
través del juego, tiene en verdad como objetivo la activación del
chakra cardíaco a tal punto que se provoque un despertar espiritual.
De ello puede dar sobradas explicaciones y aseveraciones el doctor e
investigador inglés Horace Dobbs.
Aparte de las capacidades clarividentes que los delfines son capaces
de despertar o expandir dentro del ser humano, también pueden sanar.
Con sus sentidos tan desarrollados pueden fotografiar el aura
humana, detectar bloqueos y fugas de energía y repararlas al
instante, ya que son capaces de captar y procesar una energía en
extremo sutil. Sus órganos sensoriales pueden percibir campos
vibratorios más profundos y casi imperceptibles para nosotros. A
través de su contacto telepático ayudan a descristalizar viejas
estructuras mentales de conducta.